
El sube y baja no se detiene y yo prefiero cerrar los ojos para no saber cuantas veces sube o baja o espera. Pero siempre que baja deja una huella en el suelo y cuando sube puedo sentir el aire fresco en mi rostro. Un día cualquiera la curiosidad me invade obligándome a ver las marcas en el suelo y descubro con asombro que hay más de las que me imaginaba. No he sentido el aire tantas veces como huellas veo en el piso. Parece que hubiera bajado más veces de las que he estado arriba aunque esto no debería posible. Creo que empiezo a olvidar como caer de pie así que me golpeo una y otra vez, cada vez con más fuerza. Tengo la esperanza de rebotar y regresar al aire alguna vez. ¿Por qué si todo lo que sube tiene que caer, tolo lo que cae no tiene que subir? Intento restarle importancia a mi propio juego y vuelvo a cerrar los ojos tratando de convencerme de que no me importa en que parte me encuentro. Solo ocasionalmente los abro y lo extraño es que siempre lo hago cuando estoy abajo. No he podido saber como se ve el mundo desde arriba.